El “milagro” del Agua pura

El “milagro” del Agua pura

Todos hemos oído hablar recientemente de las maravillas que el Agua pura puede obrar para nuestro negocio. Hemos leído promesas acerca de métodos de limpieza extraordinariamente rápidos y más seguros que nunca. Sin embargo, nos queda la eterna duda de saber cómo funciona esta tecnología tan prodigiosa. En este sentido, lo primero es apuntar ciertas nociones básicas de química. El agua (H2O) está compuesta por un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno. El hidrógeno tiene carga positiva y el oxígeno, negativa. Una molécula de agua es particularmente interesante porque su carga no está distribuida de forma equitativa. Esto significa que un lado es positivo y el otro lado es negativo. La conclusión es evidente: el agua es un magnifico disolvente.

 En la naturaleza, el agua existente está llena de partículas en disolución y lo que hacemos cuando purificamos el agua, no es otra cosa que eliminar estas partículas. El agua pura es un disolvente orgánico extremadamente efectivo. La molécula de agua trata constantemente de recuperar su estado impuro, lo que hace descomponiendo la materia orgánica. En el ejemplo que mostramos a continuación, se puede observar como las moléculas polarizadas de agua rompen las moléculas de sal común (ClNa) en iones individuales. Esto convierte al Agua pura en un excelente aliado para la limpieza de ventanas.

Sistemas de Agua pura
Los modernos sistemas de limpieza con Agua pura funcionan con agua que circula a través de diversos estadios de filtrado. El sistema más simple se basa en filtros de deionización. En zonas donde el agua tiene una mayor concentración de partículas en disolución (es más sucia) se utilizan sistemas de filtrado más sofisticados. Se utiliza un filtrado previo de carbono y sedimentación para limpiar partículas grandes y el cloro, que es muy destructivo para el filtrado por ósmosis inversa. El agua atraviesa entonces la membrana de ósmosis inversa. Este filtro consiste en una membrana semipermeable que retiene cualquier entidad mayor que una molécula de agua. Llegados a este punto, el agua ya está muy limpia y la deionización es el último paso para eliminar las partículas en disolución restantes.

Cuando un sistema de estas características funciona bien, proporciona agua en la que no hay presencia de ningún tipo de sólidos en disolución. Esta agua corre a través de una manguera y un tubo hasta el mango para alcanzar finalmente el cepillo que la pone en contacto con el cristal de una ventana o cualquier otro tipo de superficie, como la plancha de un coche.

Sencillo y efectivo
La limpieza con estos sistemas no puede ser más fácil. Hay que frotar la superficie y sacar la suciedad gracias a la presión del agua y su poder disolvente. No se necesitan agentes químicos y cuando, por ejemplo, una ventana ya se ha frotado, solo hay que levantar el cepillo y aclararla a fondo. Y eso es todo, puesto que a continuación se puede dejar sin secar y lo hará por si sola quedando inmaculada, sin una sola mota de polvo enganchada. ¿Se puede pedir más?